El deterioro del poder adquisitivo volvió a reconfigurar los hábitos de consumo de los hogares durante 2025 y tuvo un impacto directo en la producción agroalimentaria. La carne vacuna fue uno de los rubros más afectados: la pérdida del salario real empujó a las familias a optar por proteínas más económicas, como el pollo y el cerdo, lo que terminó golpeando al negocio ganadero.
De acuerdo con datos oficiales analizados por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), entre enero y noviembre de 2025 la faena bovina alcanzó las 12,4 millones de cabezas. Esa cifra representa una caída del 1,9% frente al mismo período del año anterior y ubica a la producción un 1,4% por debajo del promedio de los últimos cinco años.
El informe describe al período como una etapa de “fase de liquidación”, caracterizada por una faena relativamente elevada pero con mayor extracción de terneros y una fuerte participación de hembras. “Por eso la producción en los primeros once meses de 2025 prácticamente igualó a la del mismo período del año 2024 y al promedio de los últimos cinco años (un 0,6% y 0,2% por debajo, respectivamente). Se estima que la producción total de 2025 se mantendría cerca de 3,1 millones de toneladas (res con hueso)”, explicaron desde la BCR.
Este proceso tuvo como correlato una reducción del stock ganadero. Un productor del sector, que también fue funcionario durante una gestión peronista en el Poder Ejecutivo, lo resumió de forma contundente: “No hay vacas”. Según su mirada, parte de la escasez respondió a una estrategia de los frigoríficos, que adquirieron animales livianos para engordarlos antes de volcarlos al mercado. “Los frigoríficos estaban comprando ganado de 200 kilos y los guardaban para engordarlos otros 100. Es decir, hubo movimiento de operaciones, pero la carne no salía. Esto disparó los precios”, explicó.
Como resultado, el consumo de carne vacuna se mantuvo en niveles históricamente bajos. El reporte de la BCR estimó para 2025 un consumo per cápita de 48,6 kilos por habitante, con una leve mejora interanual del 1,6%, aunque todavía un 3,6% por debajo del promedio de los últimos cinco años, ubicado en 50,2 kilos por persona.
En paralelo, otras cadenas cárnicas mostraron un desempeño más dinámico. En el sector aviar, la faena de pollos llegó a 686 millones de cabezas entre enero y noviembre de 2025, y se proyectó un cierre anual en torno a los 753 millones, con un crecimiento interanual del 1,9%, según la BCR. El segmento porcino también exhibió números en alza: se estimaron 8,4 millones de cabezas faenadas, lo que derivó en una producción de 809.000 toneladas, un 3% superior a la de 2024 y un 11,7% por encima del promedio de los últimos cinco años.
“El análisis desagregado permite observar un cambio en la composición de la oferta proteica nacional: mientras la producción bovina muestra una relativa estabilidad, el crecimiento de la carne porcina (+3,0%) y la recuperación del sector aviar (+2,2%) han sido los responsables de empujar el agregado total hacia el alza”, indicaron desde la Bolsa de Comercio de Rosario. En el trasfondo, vuelve a aparecer la variable ingresos: el salario real comenzó a deteriorarse nuevamente a partir del segundo trimestre de 2025, condicionando las decisiones de consumo.
El sector lechero, estancado
La lechería mostró un comportamiento dispar. Entre enero y noviembre de 2025, la producción nacional de leche alcanzó los 10.572 millones de litros, con un crecimiento interanual del 10,2% frente al mismo período de 2024, un año atravesado por la recesión del consumo tras la licuación de ingresos durante la administración Milei.
Sin embargo, el impulso no logró consolidarse. Desde el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) señalaron que en diciembre se registró una caída moderada respecto del promedio histórico y advirtieron que la relación entre precios y costos podría haber afectado la producción hacia el cierre del año. La actividad permanece estancada desde hace varios lustros en torno a los 11.000 millones de litros anuales.
En materia de consumo, también se encendieron señales de alerta. A partir del segundo trimestre comenzaron a registrarse bajas mensuales, en línea con el freno en la recuperación salarial. “En la comparación intermensual, tanto la actividad económica (medida por el ICA-ARG), como el poder adquisitivo de los salarios del sector privado registrado (relevados del SIPA) tuvieron caídas a partir del segundo trimestre del año”, agregaron desde la BCR.
Durante el período enero-octubre, el consumo promedio fue de 186 litros por habitante, lo que implicó una mejora del 8,8% respecto de los 170,9 litros registrados en 2024. No obstante, desde el OCLA anticiparon un escenario de demanda interna más débil y una desaceleración en el consumo de productos de mayor valor agregado, con ventas sostenidas principalmente a través de promociones.