01.02.2026
Argentina

Canasta escolar 2026 en alza

El aumento de útiles, mochilas y artículos básicos para la vuelta a clases expone el desfasaje entre salarios y costo de vida. Equipar a un estudiante ya implica un gasto que compite de lleno con alimentos, tarifas y transporte.

A un mes del arranque el ciclo lectivo 2026, las familias argentinas empiezan a encender calculadoras y revisar precios: equipar a un hijo para la escuela este año no es una tarea sencilla para los bolsillos, y en algunos casos puede implicar desembolsos que superan el millón de pesos cuando se suma tecnología al listado básico. 

La principal radiografía proviene de un relevamiento de la consultora Focus Market realizado para el Blog de Educación Financiera de Naranja X, que comparó precios de canastas escolares y mostró subas interanuales que, aunque en varios rubros están por debajo del ritmo inflacionario general, siguen ejerciendo presión sobre familias con ingresos cada vez más ajustados. 

Educación primaria: entre lo indispensable y lo aspiracional

Para un estudiante de nivel primario, los aumentos más notables se concentraron en los útiles escolares. Un set básico de 20 productos —lápices, cuadernos, fibras, etc.— promedia $42.637, lo que representa un incremento interanual cercano al 24%. 

A esto se suman otros gastos que, rápidamente, hacen subir la cuenta total:

Guardapolvo: alrededor de $37.849 (+13%).

Mochilas: desde $20.999 (modelo básico de tiras) hasta $133.924 (con carro y diseño más sofisticado).

Cartucheras: entre $19.000 y $28.300 según características. 

Con estos elementos, equipar a un alumno de primaria puede costar entre aproximadamente $120.000 y $243.000, dependiendo del nivel de producto que las familias elijan o consideren necesario para empezar las clases. 

Secundaria: el salto del millón con la tecnología

En la escuela media, el gasto básico —que incluye mochila, cartuchera tipo canopla y útiles esenciales— ronda los $95.592, con un aumento interanual del 15%. 

Sin embargo, donde se dispara el presupuesto es al incorporar tecnología educativa: una notebook, impresora, auriculares con micrófono y conectividad de internet de 300 MB pueden elevar el gasto por estudiante a más de $1.115.000. A ese monto se le podría sumar el valor de un teléfono celular y el servicio de telefonía móvil, llevando el total aún más arriba. 

Este fenómeno refleja la creciente centralidad de los dispositivos digitales en la educación secundaria, aunque también plantea un desafío claro: muchas familias deben decidir entre cubrir lo indispensable o sumar herramientas tecnológicas que, si bien útiles, no son estrictamente requeridas por todas las escuelas. 

Mercados, comportamientos y tensiones

Pese a que algunas subas en artículos específicos estuvieron por debajo del promedio inflacionario, el contexto económico general —con salarios que pierden poder adquisitivo frente a la escalada de precios— transforma la canasta escolar en un termómetro del consumo familiar. 

Además, el proceso de compra también está cambiando: crecen las estrategias de comparación de precios, las compras escalonadas, el uso de cuotas y financiación digital, y la separación entre lo verdaderamente necesario y lo aspiracional. Esto no solo revela la tensión en los ingresos de los hogares, sino también una adaptación de los consumidores ante la incertidumbre de precios. 

En este escenario, programas de precios acordados o listados oficiales —como los que el Gobierno lanzó en años anteriores para intentar moderar los precios de ciertos productos de la canasta escolar— aparecen como herramientas complementarias, aunque no siempre alcanzan para aliviar la carga total del gasto familiar. 

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